Un paso en nuestra evolución es quitarle importancia a la pregunta “quién soy”, aceptando
definitivamente nuestra existencia y enfocándonos en “para qué estoy aquí en este momento”.
También se nos presenta como un desafío el saber cuándo hemos ido lo bastante lejos y es un
buen momento para detenernos. Debemos aprender a pararnos porque queremos ir muy deprisa
para destacar, movidos por el deseo de separarnos de la Unidad de donde venimos. Ese afán de ir
hacia delante, nos lleva por fin a retrasarnos. No hace falta ir tan rápido porque nos pasarnos y
entonces no queda más remedio que volver y eso nos cuesta bastante.
Otro de nuestros desafíos es explorar la soledad; lo haremos por nuestra propia elección o porque
parece que nos dejan solos. Más claro, si no exploramos la soledad por nuestra voluntad, nos van
a dejar: entonces, a pesar de nuestra resistencia, es cuando no tenemos más remedio que
explorarla por nuestra cuenta.